Todo pasa y todo queda.
Hemos llenado de satisfacción nuestro baúl de los recuerdos.
Cada vez que hablemos de fútbol nos inundará la memoria una catarata incontenible de emocionantes momentos vividos la noche de la final del Campeonato del Mundo. Se han escrito y dicho tantas cosas que hay poco por añadir.
Pero hay algo que no se me va a quedar en el tintero porque estas cosas hay que decirlas:
Pronto empezarán a hablar mal de la prima que cobrarán nuestros internacionales por ser campeones, pero lo prometido es deuda. Ellos son profesionales que cobran por un trabajo que proporciona muchos beneficios, como cada hijo de vecino que gana su pan honradamente.
Pero mis preguntas a los envidiosos y agoreros son:
¿Cuánto vale el orgullo de ser español que ellos han despertado en todo un pueblo?
¿Cuánto valen las lágrimas de alegría derramadas de emoción al saberte “number one”?
¿Cuánto valen los abrazos que te ha dado gente desconocida que estaba a tu lado en el momento de la celebración?
¿Cuánto vale la alegría de esa juventud que podrá añadir a la plenitud actual de su vida haber vivido sanamente esos momentos de felicidad?
¿Cuánto vale que el mundo entero reconozca y te diga que eres el mejor?
Podría seguir haciendo muchas preguntas, pero ya solo haré una más:
¿Se puede pagar todo eso con dinero? Rotundamente, NO.
En cambio cuando veo los cochazos pagados por todos nosotros, con esa gentuza que van y vienen a sus despachos, escaños, consejerías, etc. Esos chupóteros que dicen imbecilidades a destajo porque van cumpliendo años sin sacar la cabeza del culo, que mienten más que hablan, que roban todo lo que pueden, que solo se quieren a ellos mismos, que cada día nos deparan alguna preocupación. A ellos les daría como prima la negra eternidad.
Y conste que no estoy hablando de color de carné porque no soy experto en aves carroñeras. Para mí todos los buitres son iguales.
Por todas estas cosas desagradables de la vida cotidiana, debemos agradecer que un grupo de atletas hayan paseado por el mundo el nombre de ESPAÑA (los mamones siempre dicen este país) y hayan conseguido que nos levantemos cada mañana orgullosos de sentirnos españoles. Para ellos la gloria conseguida, abrigada con nuestro agradecimiento.
¡Qué feliz me siento!
Hemos llenado de satisfacción nuestro baúl de los recuerdos.
Cada vez que hablemos de fútbol nos inundará la memoria una catarata incontenible de emocionantes momentos vividos la noche de la final del Campeonato del Mundo. Se han escrito y dicho tantas cosas que hay poco por añadir.
Pero hay algo que no se me va a quedar en el tintero porque estas cosas hay que decirlas:

Pronto empezarán a hablar mal de la prima que cobrarán nuestros internacionales por ser campeones, pero lo prometido es deuda. Ellos son profesionales que cobran por un trabajo que proporciona muchos beneficios, como cada hijo de vecino que gana su pan honradamente.
Pero mis preguntas a los envidiosos y agoreros son:
¿Cuánto vale el orgullo de ser español que ellos han despertado en todo un pueblo?
¿Cuánto valen las lágrimas de alegría derramadas de emoción al saberte “number one”?
¿Cuánto valen los abrazos que te ha dado gente desconocida que estaba a tu lado en el momento de la celebración?
¿Cuánto vale la alegría de esa juventud que podrá añadir a la plenitud actual de su vida haber vivido sanamente esos momentos de felicidad?
¿Cuánto vale que el mundo entero reconozca y te diga que eres el mejor?
Podría seguir haciendo muchas preguntas, pero ya solo haré una más:
¿Se puede pagar todo eso con dinero? Rotundamente, NO.
En cambio cuando veo los cochazos pagados por todos nosotros, con esa gentuza que van y vienen a sus despachos, escaños, consejerías, etc. Esos chupóteros que dicen imbecilidades a destajo porque van cumpliendo años sin sacar la cabeza del culo, que mienten más que hablan, que roban todo lo que pueden, que solo se quieren a ellos mismos, que cada día nos deparan alguna preocupación. A ellos les daría como prima la negra eternidad.
Y conste que no estoy hablando de color de carné porque no soy experto en aves carroñeras. Para mí todos los buitres son iguales.
Por todas estas cosas desagradables de la vida cotidiana, debemos agradecer que un grupo de atletas hayan paseado por el mundo el nombre de ESPAÑA (los mamones siempre dicen este país) y hayan conseguido que nos levantemos cada mañana orgullosos de sentirnos españoles. Para ellos la gloria conseguida, abrigada con nuestro agradecimiento.
¡Qué feliz me siento!
2 Comentarios:
Olé! Me encanta la parte referida a los chupasangre de este país. Hay si lo pudieran leer y saber entonces lo que realmente el pueblo siente.Pero bueno como ellos solo se dedican a ir a su puesto de trabajo( y no muy frecuentemente por desgracia, será para no malacostumbrarse) y a ganar y robar dinero a borbotones...En fin...Que yo me alegré y me alegro por la vistoria de la selección española que tan bien jugó y defendió el titulo.
Un abrazo.Besitos!!
No puedo estar más de acuerdo. Sobre todo en lo referente a los "sicarios del mal" como muy bien les catalogó en su día Joan Manuel Serrat en la canción, que para mí es todo un himno, "Algo Personal".
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