jueves, 3 de diciembre de 2009

Fe

Una plantilla, donde la voluntad inquebrantable de un deportista se transmite al resto, los une y los impulsa a la victoria, tiene tanto valor como el motivador de la ilusión por vencer, porque el que tiene fe no está nunca solo.

¿Quién será ahora el motivador de turno? Siempre es necesario ese jugador carismático que aglutine voluntades para conseguir el objetivo final. Algunos lo llaman líder y no necesariamente ha de ser un goleador, pero si debe ser canterano y haber mamado desde niño ese espíritu que distingue a los madridistas del resto de equipos.

El video anterior en el que Butragueño cuenta como la fe de Camacho hizo realidad una de las famosas remontadas, nos debe servir a los madridistas de ejemplo permanente.

Ese y otros muchos videos existentes, deben ser vistos en las concentraciones del equipo para ejemplo y motivación. Todo lo que contribuya a alejar a los jugadores de sus ocupaciones personales al margen del fútbol y los introduzca mentalmente en el partido inmediato, debe ser usado sin reservas.

Aquel partido contra el Anderlecht donde vencimos 6-1 fue una noche inolvidable. De pié en una grada repleta; donde los socios no paramos de animar y el equipo de animarnos, donde en el descanso apenas pudimos comer el bocadillo porque todo eran comentarios a diestro y siniestro, guiños de complicidad y un mar de felicidad bañándonos a todos, fue una de esas noches maravillosas del Bernabeu que permanecerán en nuestra memoria.

1 Comentarios:

Antonio José dijo...

Me acuerdo de este partido como
si fuese ayer. Me acuerdo de salir de
casa con mi padre, con un buen par de
bocatas (Made in Mamá) y, con el Car-
net de Socio latiendo en el bolsillo.
Se presentía en el Estadio que
algo grande pasaría. Y pasó, ¡coño
que si pasó!. Pasó algo sublime, apo-
teósico, impresionante y esgorciante.
Todo el Bernabeu era un solo ce-
rebro con cien mil gargantas animando
al unísono. Yo me sentía flotar y,
cada vez que gritaba ¡gol!, se me
barajaban los dientes. (Me pasé una
semana con una ronquera increible).
Cuando el arbitro pitó el final,
fué como volver a gritar los seis
goles otra vez, pero los seis a la
vez.
Saliendo del Estadio, por las
escaleras, la gente seguía animando
al equipo. Ya en la calle, los co-
ches pitando el soniquete madridis-
ta. Fué un momento histórico y, yo
lo ví, yo lo viví.
Al llegar a casa, mi madre nos
dijo que, iban a poner por la tele
el partido entero esa misma noche.
Y éste que escribe y su padre, lo
volvimos a ver otra vez enterito.
Es como hacerle el amor a una Diosa. Hay que filmarlo y luego verlo para creerlo.

¡¡ HALA MADRID !!